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La zambra gitana: El flamenco como medio de expresión del Sacromonte

Durante muchos años, el barrio del Sacromonte estuvo habitado por gitanos que hicieron de las cuevas su hogar. El flamenco se convirtió en la forma de expresión de este barrio, pero también en un medio con el que ganarse la vida; a través de sus bailes entretenían a los peregrinos y transmitían este arte de generación en generación.

El momento de máximo esplendor para el Sacromonte llega en los años 60. Entre los más de 6000 habitantes del barrio, había una inmensa mayoría que sabía cantar, bailar o tocar la guitarra; un ambiente propicio para el nacimiento de la zambra. La zambra gitana del Sacromonte, con origen en la zambra morisca, surge como un ritual que aúna tres bailes: la alboreá, la cachucha y la mosca, simbolizando cada uno de ellos un momento determinado de la boda gitana. Además, se acompaña con un cante y un toque de guitarra que utiliza el compás propio de los tangos y los tientos; tranquilo a la vez que solemne.

Encontramos referencias a ella en la literatura de los siglos XVII y XVIII, donde aparece citada junto a otros estilos -que también terminarían derivando en palos flamencos- como el zapateado o el fandango. Sin embargo, fue en el siglo XIX cuando los llamados viajeros románticos se interesaron por una imagen idealizada de los gitanos -bailando y cantando- en las cuevas de Granada. De ese modo, la zambra comenzó a representarse de manera continua en las cuevas del Sacromonte para deleite de turistas y extranjeros, atraídos por el exotismo y por una visión llena de pasión, y supuesta autenticidad, de lo andaluz.

En efecto, la zambra estaba cargada de exotismo como podemos observar en el valioso material audiovisual del que disponemos; señoras mayores con delantal del Sacromonte hacen el movimiento de caderas característico del tango y un movimiento agitado visualmente lujurioso. La mosca, por ejemplo, reúne a varias mujeres en círculo, como símbolo de fertilidad, y finaliza con movimientos de vientre y de caderas.

El rito de la zambra, debido a las visitas de extranjeros -cada vez más frecuentes-, fue perdiendo espontaneidad y ganando en automatismo. No obstante, el contratiempo que cambió el rumbo de la zambra fueron las inundaciones de 1962 y 1963, puesto que obligaron al barrio a dispersarse por la ciudad. La zambra no murió y persiste en el folclore de Granada gracias a la comunidad gitana, encargada de su difusión y puesta en valor.

El Sacromonte, por tanto, es el centro del flamenco en la ciudad de la Alhambra, hasta el punto de que prácticamente todos los intérpretes -del cante, baile y toque- comenzaron o dieron sus primeros pasos en las cuevas; el baile, en especial, tiene una vinculación total con este barrio.

En febrero de 2019, el Ayuntamiento de Granada comenzó a trabajar para que la zambra sea reconocida por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Todas las zambras en activo ofrecieron su apoyo a esta iniciativa: Venta del Gallo, Los Tarantos, La Rocío, María La Canastera, así como numerosas figuras relevantes del flamenco.