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El Concurso de Cante Jondo de Granada, 1922

Granada, 1922. El flamenco, dentro y fuera del barrio del Sacromonte, es un arte que se disfruta en toda la ciudad. Una serie de intelectuales de diferentes ámbitos de la cultura deciden protegerlo y, con ese objetivo, se embarcan en la aventura de crear un concurso.

Granada, 2020. El flamenco se ha desarrollado, la evolución es evidente y su crecimiento, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, es un hecho irrefutable. En este escenario aparece Milnoff, un festival flamenco que, inspirado en el certamen de 1922, comparte la misma finalidad que aquel: la puesta en valor de la raíz flamenca y, al mismo tiempo, una defensa del progreso y de la vanguardia artística.

La idea de realizar un concurso de flamenco surgió en la tertulia que realizaba Fernando Vílchez en su casa, a la que acudían regularmente Manuel de Falla y Federico García Lorca. El compositor se sintió atraído por Granada desde sus primeras visitas y se instaló allí definitivamente en 1920. Su preocupación por el folclore español lo llevó a componer música inspirándose en él e introduciéndolo en sus composiciones a través de motivos, ritmos y melodías características.

Lorca y Falla establecieron pronto una relación de amistad que se nutría recíprocamente. De ese modo, Falla provocó en Lorca una inquietud hacia una música que estaba alejada del folclore, una manifestación individual escondida en los pueblos de Andalucía. Pese a los 20 años de diferencia entre ambos, sus intereses comunes los llevaron a reunirse y, habitualmente, se acercaban al Sacromonte para escuchar el cante que allí se realizaba y del que tanto se oía hablar. La inspiración que estas visitas produjeron en ellos es visible en sus creaciones posteriores: Falla con su música y Lorca, sobre todo, con sus obras de teatro y con su poemario -especialmente en el Poema del cante jondo y en el Romancero gitano- .

El interés por el flamenco siguió floreciendo en ellos y decidieron que, para conservarlo y que no se perdiera este arte tan antiguo y valioso, sería una gran idea organizar un concurso de cante jondo en el que también participase el baile y el toque. Además de Falla y Lorca, se unieron a esta iniciativa otros integrantes de la tertulia de Fernando Vílchez y del Rinconcillo: Juan Ramón Jiménez, Ignacio Zuloaga, Joaquín Turina, Ramón Pérez de Ayala o Fernando de los Ríos, entre otros.

La búsqueda de cantaores comenzó a principios de 1922; rincones de Andalucía donde aún existiesen viejos cantes y, principalmente, donde los intérpretes fuesen aficionados que no viviesen profesionalmente del flamenco. Se pretendía poner de manifiesto que el cante jondo es la expresión artística con mayor antigüedad en el pueblo andaluz. Los días 13 y 14 de junio tuvo lugar la celebración del concurso en la plaza de los Aljibes de la Alhambra. Ramón Gómez de la Serna sería el encargado de presentarlo.

Celebridades como La Gazpacha, Manolo Torres y un joven, por entonces desconocido, llamado Manolo Caracol fueron algunos de los concursantes. El ganador fue Diego Bermúdez ‘El Tenazas’, que dejó abrumados a todos los miembros del jurado.

El principal objetivo era la revalorización del flamenco y crear escuelas donde se recogieran y enseñaran los cantes más antiguos, pero un error llevó a que el concurso no tuviese el impacto que se pretendía; la participación de profesionales estaba prohibida, pues creían firmemente que el flamenco era del pueblo, confundiendo así folclore con arte. El folclore es una expresión grupal mientras que el flamenco es individual.

El Concurso de Cante Jondo supuso una revalorización del flamenco, se difundió y sirvió como referente a otros festivales de flamenco posteriores. El flamenco dejó de contemplarse como folclore y se convirtió en arte. Sería Manuel Machado quien, refiriéndose a su padre Demófilo, que tanto contribuyó a defender y conservar este arte, sentenció que, la distancia que separa lo flamenco de lo popular es igual -o mayor- a la distancia entre lo popular y lo erudito.

Ahora, casi 100 años más tarde, Milnoff recupera el espíritu que invadió las almas de estos intelectuales y se encargará de que el flamenco, por fin, ocupe el lugar privilegiado que se merece en la ciudad de la Alhambra, por y para todos.