El flamenco como experiencia visual

A la hora de percibir información, el canal visual es el que más peso tiene, por eso es tan importante el papel de la interpretación de los artistas, porque con la expresividad de su cara, los movimientos de sus manos y de su cuerpo en general, su imagen y vestimenta o su actitud en el escenario nos están hablando sin necesidad de utilizar las palabras.

En el flamenco hay que resaltar la expresión no verbal y prestarle especial atención, puesto que cada palo pretende provocarnos unas emociones concretas con las que suele asociarse, a través del baile, cante o toque. Con expresión no verbal nos referimos a la expresión facial, gestos, apariencia y postura, considerándose que estos parámetros de la comunicación transmiten incluso más que las palabras.

 

 

En el flamenco tiene especial importancia la interpretación, puesto que es la forma que tienen los artistas de enfatizar y complementar las actuaciones, con su actitud escénica. Cada palo del flamenco pretende transmitir unas emociones concretas con las que se suele identificar (por ejemplo, las seguiriyas pretenden transmitir dolor, puesto que es un cante trágico y triste) y, los cantaores, intentan expresarlo mediante los cuatro parámetros del lenguaje no verbal anteriormente nombrados.

Cuando un cantaor canta por seguiriyas, podemos observar que su actitud es seria y sus movimientos de manos y expresiones faciales nos transmiten dolor y rabia: frunce el ceño, baja las cejas, se mantiene cabizbajo y, casi todo el tiempo con las palmas de las manos juntas delante de su pecho, como si estuviese rezando, implorando o lamentándose, con una postura bastante estática. Sin embargo, cuando canta por bulerías, muestra con picardía una expresión facial burlona, hace palmas, abre los brazos y mueve mucho las manos acompañando el compás, eleva las cejas, gira las muñecas señalando con el dedo índice como si estuviera haciendo aclaraciones, eleva los hombros y gira el torso de un lado hacia otro, como ‘bailando’ e incluso sonríe con actitud vacilona, además de interaccionar con el guitarrista que lo acompaña, sonriendo disimuladamente mostrando orgullo, jaleando y animando entre letra y letra.